Destinos

Recuerdo aquel día que volaba hacia Nepal, mientras miraba en el horizonte los Himalayas, el miedo se apoderaba de mi de pensar que llegaba a Katmandú completamente sola, sin conocer a nadie, sin saber donde dormir y acabando de salir de la India de la forma más inesperada. Es increíble como el destino me tenia preparado la aventura de mi vida, y lo único que tenia que hacer era confiar que todo iba a salir bien. R Cuando llegué al aeropuerto pedí indicaciones para tomar un taxi seguro y afortunadamente di con el mejor guía que me llevo a varios hostales hasta que escogiera uno que me gustara. Los primero 2 fueron pequeños y oscuros, pero al final me llevo a uno que tenia un rooftop increíble, donde había un grupo de personas tocando guitarra y cantando canciones en nepalí; jamás imaginé que ese hostal de cálido ambiente terminaría siendo mi hogar por un mes.

La primera noche conocí a Ani la uruguaya, la que iba a ser mi compañera de aventuras en Nepal, con la que después de tomar un par de mates terminamos decidiendo irnos a los dos días a caminar el Annapurna (la segunda montaña más alta de Nepal después del Everest).

Llegamos a Pohkara, un hermoso pueblo junto a un lago y a faldas de los imponentes Himalayas, donde debíamos contratar a nuestro sherpa quien iba a sernos de guía y a la vez carguero de nuestra maleta para poder llegar a nuestro destino, el base camp del Annapurna a 5500 m.s.n.m. Vale aclarar que me gusta hacer ejercicio, pero no estaba preparada ni física ni mentalmente para el reto al que me estaba metiendo.

Govinda, nuestro sherpa, nos llevo en bus hasta un lugar donde iba a ser nuestro punto de partida y desde ahí empezamos el recorrido hacia nuestro destino. El primer día caminamos 7 horas seguidas por varios caminos de piedra, pasando por muchos caseríos, hasta llegar a uno donde íbamos a pasar la noche. Como el viaje fue completamente inesperado, salimos para el Annapurna en Febrero, temporada baja porque está terminando el invierno, cosa que ninguna de las 2 sabia y que nos pesó desde la primera noche que tuvimos que dormir con sleeping, 3 capas de cobijas y sin sospechar que esa iba a ser la menos grave de las otras siguientes 5 noches.

Las 2 primeras noches nos bañamos apenas llegamos después de caminar 8 horas, pero a las tercera noche ya era imposible porque estábamos en nieve y el frio era insoportable. Los paisajes de nieve son divinos, pero caminar varias horas en ellos es muy difícil y al final con Ani hacíamos rodaderos porque nos pasábamos en el piso cayéndonos. Nunca olvidaré la cuarta noche, una de las noches más increíbles, porque nos encontrábamos en un caserío al lado de la fogata y con unos japoneses decidimos salir a caminar en la oscuridad; creo que jamás sentí tanto frio en mi vida, pero el espectáculo del cielo completamente estrellado hizo olvidar el frio y el sonido del silencio, de la paz absoluta que tienen esos lugares tan altos, hizo que me encontrara con mi ser en la inmensidad… simplemente fue un momento mágico.

Al final el sexto día decidimos devolvernos, el frío era insoportable y las dos estábamos llenas de ampollas en los pies, pero no importó no llegar al base camp, ya que el camino que recorrimos nos había marcado, habíamos conocido gente maravillosa, habíamos vivido muchos momentos mágicos, habíamos superado miedos y nos habíamos encontrado con nuestro ser; era más de lo que habíamos soñado.

Una de las frases que me quedó grabada la vi durante el recorrido al Annapurna y fue el slogan de Nepal: Never End Peace and Love, y me impactó porque esas palabras las veía en cada nepalí que conocía, en los diferentes lugares que visitaba y agradecí al universo al final de ese mes largo, el poder haber llegado al país más feliz y en paz del mundo.


Alejandra Otero
Directora Heal & Travel

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